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Conservan el mismo punto de modernidad con el que fueron construidas en 1960 por las entonces estrellas de la arquitectura española, Miguel Fisac (Coronación) y Javier Carvajal y García Paredes (Los Ángeles). Líneas rompedoras, impactantes, diferentes, cargadas de simbología religiosa, que hablan de un tiempo de renovación eclesial, de comunidad, que parece haber quedado perpetuamente suspendido en el «aire sagrado», en palabras del propio Miguel Fisac, en la paz acogedora que te envuelve al entrar en ellas.
Las parroquias de la Coronación, que toma el nombre del barrio en homenaje a la Virgen Blanca, y de Los Ángeles, cumplen sus bodas de oro y sus feligreses lo van a celebrar con actividades y reencuentros. Una mirada hacia atrás con cierta nostalgia pero que quiere ser además un trampolín hacia un futuro lleno de incógnitas. En estos muros de piedra, ladrillo y hormigón, se encierran también las historias humanas de la brutal metamorfosis de Vitoria que de la noche a la mañana pegó un gran estirón de adolescente y todavía asienta sus huesos sin verse definitivamente hecha.
Basta ver las dos fotografías antiguas -procedentes de Archivo Municipal de Vitoria- que acompañan el reportaje para reconocer en qué momento se levantaron. Durante la colocación de la primera piedra de Santa María de Los Ángeles, el obispo ‘constructor’ Francisco Peralta (1911-2006) camina sobre tablones para no embarrarse vestido con la pompa de la época. En la otra, La Coronación el día inaugural está hasta la bandera con un montón de seminaristas en primer término. Es el año 1960 y la Iglesia es la modernidad, el triunfo, el centro del mundo. Está eufórica por el Concilio Vaticano II en busca de un camino de renovación. Nadie falta a misa. Y encima, en Vitoria, en pleno crecimiento industrial y de población se construyen dos de los diez edificios más importantes de la arquitectura sacra moderna española, según todos los expertos. No habrá continuidad. A Peralta le exigirán que llame a arquitectos locales y el resultado posterior no es comparable.
«Un proyecto valiente»
Luis María Sánchez Íñigo, que fue el aparejador de obras, recuerda en el libro de memorias escrito con motivo del aniversario de la Coronación las dificultades técnicas al abordar el muro curvo, el techo de madera o el peculiar campanario. «Es un timbre de prestigio para Vitoria, un proyecto valiente». Sólo pone una pega, como el propio Fisac, que tuvo un predilección especial por su iglesia de Vitoria, «el emplazamiento está angustiosamente encajonado entre edificios», comenta.
Bajo esos muros de piedra caliza de Nanclares de la Oca, Juan Carlos Pinedo y Pepe Aduna -párroco-, los sacerdotes que se ocupan actualmente de la parroquia, creen que «ha habido una comunidad muy viva. Desde un principio la iglesia se abre a una feligresía venida en gran parte desde los pueblos alaveses pero también de Galicia, Castilla, Extremadura. José María Rodríguez y su equipo consiguen contagiar a los feligreses un compromiso que sigue 50 años después».
Dando respuesta a los problemas del momento, se crean programas concretos, una guardería, grupos juveniles con un dinamismo formidable, servicios sacramentales gratuitos, atención a los más desfavorecidos, Juventud Obrera Católica, un movimiento que se enfrenta, por ejemplo a la construcción de la catedral nueva. «No sólo se ha autofinanciado con el apoyo de los feligreses sino que en los últimos 20 años hemos aportado 60 millones de las antiguas pesetas a proyectos de solidaridad y misiones», recalca Pinedo.
Existe una labor callada y ejemplar en la parroquia actualmente. La limpieza la hacen voluntariamente un grupo de 40 mujeres y se reparte comida a través del banco de alimentos a cerca de 300 familias necesitadas, especialmente árabes. Es la inmigración actual y estamos en permanente diálogo con esa comunidad», asegura Aduna con 22 años en la parroquia.

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