-->

Los residentes en la parte de Miribilla que limita con Bilbao La Vieja han decidido constituir su propia asociación vecinal. Su impulsor relata los pasos que están dando y las dificultades que se encuentran en el camino.

Elixane Castresana

En un barrio que se levanta desde cero todo es nuevo. Los edificios, los parques, incluso el movimiento vecinal tiene que construirse desde los cimientos. Es lo que está ocurriendo en la zona de Saralegi, en la parte de Miribilla que limita con Bilbao La Vieja. Allí está en proceso de creación el último colectivo vecinal de cuantos se ha puesto en marcha en la capital vizcaina. Una vez que se haya dado este paso, la Asociación Vecinal de Saralegi pasará a engrosar la lista compuesta ahora por 34 agrupaciones de los diferentes barrios de la ciudad.

Como en todos los comienzos, estos primeros meses están siendo de una actividad frenética. Se debe al tiempo de ajuste y aclimatación en este periodo inicial, previo a la constitución formal. “Entregamos los papeles en el registro en abril, justo antes de Semana Santa, y estamos esperando que nos devuelvan la confirmación para empezar a movernos, ya que no podemos empezar a afiliar gente hasta que no pueda constar en el libro de actas”, afirma Paul López de Munain, que asume el papel de presidente oficioso hasta que se haya formado la primera junta directiva. De momento acuden a las asambleas que celebran una vez a la semana “unas 30 personas, pero cuando esto se estabilice la cifra irá incrementándose”.

La futura asociación está integrada por los residentes en la parte baja de Miribilla, una zona “de nueva construcción en la que actualmente residen “entre 700 y 1.000 personas”. Una cifra que “crece continuamente y se duplicará casi con toda seguridad cuando se haya construido todo lo que está previsto. La mayoría, por tanto, llega al barrio “sin conocer al resto de vecinos, lo que también ha influido en el retraso a la hora de formar la asociación”. Por desgracia, y al igual que sucede con muchas cosas en la vida, “la realidad te obliga a reaccionar”. Es decir, fueron los problemas con los que se toparon al trasladarse lo que empujó a los vecinos a movilizarse primero y organizarse después. En concreto, “la inseguridad derivada de estar cerca de San Francisco, que tiene una problemática muy concreta, la prostitución que se desplaza hasta aquí, los problemas de tráfico de drogas y el tema de los accesos al barrio”. Son situaciones “compartidas con las demás asociaciones de Bilbao. Un porcentaje importante nace para luchar contra algo”, añade.

Al principio les asustó lanzarse en solitario, por lo que barajaron la idea de adherirse a Miribilla Hirigunea, la plataforma que aglutina la calle Jardines de Gernika y su entorno. “Ellos llevan ya varios años y tienen experiencia, así que estuvimos dudando de si unirnos. Sin embargo, al final consideramos que su realidad y la nuestra son completamente diferentes”, argumenta. De modo que sus caminos se separaron. “A pesar de eso, nos han ayudado y nos ayudan mucho, y hemos acudido a ellos en busca de la experiencia que a nosotros todavía nos falta. Tanto nuestros compañeros de Miribilla, como los de San Francisco, son un apoyo importante para resolver las típicas dudas que no te pueden solucionar en el registro de asociaciones. También nos asesoran en los aspectos prácticos. Por ejemplo, nos han recomendado poner un moderador en las reuniones para poder expresarnos con cierto orden. Cosas que, aunque se saben, no está de más recordar”, apunta.

a la busca de un local Esos encuentros se venían celebrando hasta la fecha en el centro de distrito de San Francisco, ubicado en la plaza Corazón de María. “Teníamos que pedir las llaves con antelación y como en verano está cerrado, el lunes (por hoy) nos veremos en la calle”, lamenta. Desde el principio han reivindicado ante el Área de Urbanismo del Ayuntamiento la necesidad de disponer de un local propio. “Le hemos comentado a la concejala. Julia Madrazo, que Miribilla es el laboratorio de organizaciones, por la cantidad de ONG, etc., que tienen aquí su sede. No nos parece mal que estén presentes allí donde se les necesite, al contrario. Lo que sí es verdad es que nos hace falta un lugar donde poder reunirnos”, aclara.

Abordarán el tema a la vuelta de las vacaciones de verano, cuando también se constituirá formalmente una junta directiva. Entonces esperan compartir la carga de trabajo, sobre todo López de Munain, que ha absorbido la mayor parte de las funciones directivas. “En los comienzos siempre pensamos que ya se ocuparán otras personas, cuesta involucrarse y esto conlleva muchas horas de trabajo. Hay que estar pendiente de la legislación, seguir la actualidad de todos los temas que rodean al barrio, mantener reuniones con los responsables de las diferentes áreas municipales y agentes sociales, etcétera. Desde el pasado mes de abril, yo invierto alrededor de hora y media al día en estar pendiente de estas cuestiones”. Por eso es importante establecer un ritmo de trabajo y repartirnos entre todos.

Pero no todo implica trabajo en una asociación vecinal. Por supuesto, volcarán sus esfuerzos en “incentivar la calidad de vida del barrio y apostar por programas educativos que fomenten la convivencia entre todos los que vivimos aquí porque esa labor nos corresponde a todos. Además, consideramos que cuanta mayor actividad haya mejor será la calidad de vida”, concluye.

¿Quieres hacer un comentario a esta noticia?