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DNA y correo Da igual que las 65 familias de Los Tilos crean que la reforma de su calle es una chapuza o que los grupos de la oposición cierren filas en favor de estos vecinos de Abetxuko. La concejala de Vía Pública, Marian Gutiérrez, está tan convencida de las bondades de su proyecto que ayer se negó a paralizar las obras o modificar el diseño. Como mucho, se permitirá dos concesiones: sustituir los pivotes colocados para impedir el estacionamiento -y que hasta ahora han provocado varias caídas- y seguir estudiando los posibles fallos en la red de saneamiento. Nada más.

Gutiérrez se defendió con extraordinaria vehemencia de las críticas vecinales y de los grupos de la oposición, que no están conformes con varios aspectos de la obra. El fundamental reside en la ley de accesibilidad: al ser la calle tan estrecha y no adecuarse a los mínimos exigidos por la normativa, el Ayuntamiento determinó ampliar el andén de la izquierda a costa de dejar a la derecha una acera minúscula por la que no puede pasar ni una silla de ruedas. Un problema al que se suman dos obstáculos, los pivotes -de baja altura- y los árboles.

La concejala se mostró a favor de cambiar los bolardos por otros pero rechazó la propuesta de los vecinos y del PNV de eliminar los viejos árboles. También negó que el diseño de las pendientes propicie inundaciones en las casas, como aseguran los residentes, y atribuyó esa posible eventualidad a que las canalizaciones privadas estén sucias. Otro aspecto que no se modificará será el alumbrado: “según las mediciones, es correcto”.

La oposición no se calló. El PNV tildó la explicación de “tomadura de pelo”, EA de “ridícula” y el PP le exigió que rectifique

Indignación en Abetxuko al conocer que la obra de Los Tilos sigue adelante

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