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e NCUENTRO una buena noticia entre tanta crisis, corruptelas e imposiciones. El Casco Viejo de Gasteiz por fin puede tener una escuela en condiciones. Por lo menos la tendrá si finalmente se lleva a cabo la intención de utilizar el palacio Escoriaza Esquível como centro educativo y se traslada a ese edificio el colegio Ramón Bajo. El barrio lo merece. El colectivo de padres y madres, docentes y alumnado de Ramón Bajo lo merece también. Un colectivo que se ha volcado en conseguir que el barrio y la escuela se integren en un proyecto común. Un proyecto intercultural, de trabajo en red con las asociaciones del Casco Viejo, que asume la diferencia como valor añadido para una educación integral. La rehabilitación de la almendra medieval necesita bases sólidas. No se puede quedar en lo monumental ni tampoco en la reactivación comercial. Es preciso empezar por el principio, por los habitantes del barrio que, como cualquiera, necesitan unas mínimas infraestructuras sociales para vivir: espacios públicos para juntarse, viviendas dignas en alquiler protegido y, por supuesto, una escuela. Cada vez más parejas de jóvenes se instalan en la parte vieja. Sin embargo, muchas de ellas optan por llevar a sus hijos a escuelas fuera del barrio; en parte por prejuicios hacia los emigrantes, pero también por las deficientes instalaciones de la escuela. En lo uno y en lo otro, las políticas institucionales pueden tener un papel positivo ayudando a romper tópicos absurdos y, sobre todo, mejorando las instalaciones y dotaciones de la escuela. Hay mucho que hacer en cuanto a la revitalización social del barrio, muchos obstáculos que superar e intereses que conciliar. De momento no está mal empezar por el principio, por la escuela. Entre hotel y escuela, difícilmente compatibles en un mismo edificio, yo apuesto por la escuela. Hagamos, por una vez, una apuesta de futuro.

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