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LOS menores extranjeros acogidos por Diputación de Araba vuelven a ocupar la atención informativa. Al parecer, el martes 10 de junio se produjo el relevo de los educadores que atendían a este colectivo. Y, a juzgar por lo que la prensa refiere, el viernes 13 organizaron los menores una especie de motín negándose a entrar en las dependencias del Centro. Ninguno de estos hechos sorprende dada la complejidad que genera la atención a esto muchachos. Pero sí que me causa perplejidad la valoración que hizo la diputada Covadonga Solaguren en su comparecencia del sábado 14.

La llegada de estos menores extranjeros no acompañados comenzó por goteo el año 1997. A medida que se incrementaba su llegada, los Servicios Sociales tuvieron que ir dando respuesta a la creciente demanda. En el caso de Araba, se optó por abrir un centro específico los primeros días de junio de 2003. El centro estaba habilitado con un máximo de 10 plazas y dos más, disponibles para eventuales emergencias. Las situaciones emergentes dejaron de serlo casi desde el momento de la apertura y el permanente incremento de ingresos desbordó la capacidad real del centro. Los numerosos intentos por encontrar una reubicación han resultado infructuosos. Las luchas partidarias y el rechazo social han imposibilitado, hasta la fecha de hoy, la apertura de un nuevo centro de primera acogida.

Hasta hace unos meses he sido técnico del Área del Menor y la Familia y, durante casi cinco años he coordinado la atención a unos 200 de estos menores. Quienes tuvimos que dar respuesta a esta situación -ya sea en la atención directa, ya sea en la coordinación de casos- lo hicimos desbordados por la permanente precariedad de espacios residenciales. A pesar de esta limitación, se ha desarrollado el proyecto educativo que los responsables de Diputación dieron por bueno: se ha asegurado a estos jóvenes la cobertura de sus necesidades básicas y los apoyos necesarios para que avanzaran en su itinerario de integración sociolaboral.

Según han recogido los distintos medíos, la Sra. Solaguren insinuó en su comparecencia del día 14 una evaluación demoledora del trabajo realizado hasta ahora. Dejaba entrever que el proyecto educativo anterior no garantizaba una educación integradora: “Un nuevo proyecto educativo por el que desde Diputación hemos hecho una apuesta con el objetivo de atender a los chavales y proporcionarles una educación integradora” (Correo Español ); que los menores determinaban el funcionamiento del centro: “La autoridad dentro del centro debe estar siempre en manos de los responsables y de sus educadores y los menores no deben determinar el funcionamiento del mismo en ningún caso” (Gara ); y que en el establecimiento primaba la anarquía: “El nuevo equipo llegó con la misión de poner orden en un centro en el que, con el anterior equipo de educadores, eran los inmigrantes quienes imponían sus normas de comportamiento” (Diario de Noticias de Álava )

La Sra. Solaguren dispone de los muchos datos que se le trasladaron para que conociera el trabajo que se estaba realizando y los resultados del mismo. Se le informó que el método de trabajo era el siguiente: A cada uno de los jóvenes que llegaba se le explicaba en su idioma el proyecto educativo en el que se iba a integrar. Se realizaba a todos una analítica general para poder responder adecuadamente a sus deficiencias sanitarias. Nada más llegar iniciaban un programa de alfabetización básica que solía organizar el propio centro; alcanzado un nivel de comunicación razonable, se incorporaban a las redes públicas para incrementar el dominio de la lengua y seguir diferentes cursos de capacitación prelaboral. De acuerdo a sus aficiones, se inscribían en grupos de tiempo libre y participaban en las propias actividades organizadas por el centro. Una vez cumplida la mayoría de edad, la mayor parte de ellos accedían al programa de seguimiento post acogimiento ya que se comprometían a cumplir las exigencias del mismo. Desde que el Consejo del Menor resolvía la guarda, se elabora un plan educativo individualizado. Y, una vez resuelta la tutela, se acometía la tarea de documentar a estos muchachos.

Cuando la Sra. diputada hubo de comparecer en Juntas Generales en octubre de 2007, todos los menores mantenían programas formativos tanto por las mañanas como por las tardes; el volumen de conflictividad interna era casi nulo y el de potenciales delitos callejeros, bastante más bajo que en otros momentos… El seguimiento que hacíamos de la evolución de los menores era diario, los informes educativos semanales y los intercambios pedagógicos permanentes. Cualquier hecho conflictivo era informado por escrito y analizado conmigo, que ejercía como coordinador del caso. A pesar de los inevitables errores, del evidente desbordamiento y de la escandalosa carencia de espacios, puedo asegurar a la Sra. Solaguren que estos muchachos encontraron en nosotros lo que necesitaban y buscaban: acogida, exigencia, control, refuerzo, estímulo y afecto. Sólo así se explica que, a pesar de la precariedad que soportaban, la mayor parte de ellos optara por quedarse y nunca protagonizaran motines o incendios de instalaciones como ocurría en otros sitios

Y no soy el único que opina así. El Sr. Claudio Rodríguez, teniente de diputado general hizo estas declaraciones: “Entre ellos se comunican y vienen porque saben que el servicio que se les presta en Araba es mucho mejor que el de otras comunidades”

Jesus Valencia Ex Técnico del Área del Menor y la Familia de la Diputación de Álava

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