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La Sala Espacio Ciudad ha editado el catálogo de la exposición que recoge en imágenes la vida de Ariznabarra entre 1917 y 1968
«Ariznabarra nos parecía entonces el fin del mundo». Así recuerda José María Sáez su llegada en 1960 a este barrio vitoriano, que surgió aislado junto a la N-1 en tiempos en los que la ciudad no dejaba de crecer impulsada por el notable crecimiento demográfico de mediados del siglo XX.
«Cuando íbamos al centro, decíamos: ‘vamos a Vitoria’», explica Sáez. Decenas de pioneros como él se reunieron ayer en la Sala Espacio Ciudad para rememorar aquellos «duros» años, condensados en el catálogo de la exposición fotográfica.
La exitosa muestra, que se puede visitar hasta el 1 de junio, recoge en 24 imágenes la memoria histórica entre 1917 y 1968 de este singular barrio. Edificios emblemáticos como la parroquia de la Sagrada Familia se intercalan con inmuebles en construcción. Entre 1956 y 1968, se levantaron 67 bloques con 606 pequeñas viviendas. Sus primeros moradores fueron en su mayoría inmigrantes de otras comunidades como Andalucía, Extremadura y Castilla. «En un piso de 55 metros, llegamos a vivir 16 personas», recuerda la salmantina Petra González.
Eran otros tiempos. La solidaridad estaba al orden del día. «Ayudábamos a la gente del pueblo que venía a trabajar a la Mercedes», explica. Y es que empleo no faltaba. Pero se trabajaba «a destajo». Los hombres, en las fábricas; y las mujeres, «que se cargaban de hijos», en la casa.
«Caminos de barro»
Esther Santa Cruz, que había vivido hasta entonces en el Casco Viejo, recordaba por su parte con cierta nostalgia «los caminos de barro». «Si llovía nos teníamos que quitar los zapatos a la entrada el portal, para no mancharlo todo».
Correo El 12 de octubre de 1962 Ariznabarra saltó a la fama. Ese día, 20 jóvenes parejas se casaron al mismo tiempo en la iglesia de San Pablo para poder acceder a una de las viviendas en construcción. El acontecimiento fue recogido por el ‘Nodo’ e incluso se publicaron un reportaje en la revista ‘Hola’.
Josefina Castillo es una de las afortunadas que contrajo matrimonio en aquella ocasión y accedió a un piso por «100.000 pesetas». «Había una gentío tremendo», recordaba ayer, mientras se buscaba a sí misma en una de las fotos de la muestra.
Por aquella época llego al barrio, además, un niño que años más tarde se convertiría en un conocido político local. El teniente alcalde, Juan Carlos Alonso, guarda en su memoria la imagen del camino de ‘La Juani’. «Teníamos que pasar por allí para ir al centro y su pavos nos atacaban».
Pocos imaginaron entonces que aquella Vitoria de «monjas y cuarteles», en palabras de Alonso, se convertiría en una «pujante y dinámica ciudad del siglo XXI».

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