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Correo Los edificios históricos no son los únicos que destacan en el paisaje urbano de la almendra medieval. El corazón de la ciudad está sucio, mucho, a causa de las antiestéticas bolsas de basura que a diario afean su estampa. Hasta dos toneladas se amontonan a diario junto a los buzones donde los vecinos deberían meterlas. Pero muchos no lo hacen.

Seis años después de su puesta en marcha, el pionero sistema de recogida neumática del Casco Medieval sigue sin convencer a algunos residentes, que no se resisten a dejar tirados microondas, restos orgánicos o ropas. La situación ha llegado a tales extremos que todos los días los operarios de FCC llenan dos veces su furgoneta con capacidad para 1.200 kilos.

La empresa ha organizado un servicio específico para ‘peinar’ las estrechas calles del barrio. Divididos en turnos de mañana, tarde y noche, dos trabajadores recorren a bordo de un camión cantón por cantón para recoger todo lo que debería estar dentro de los buzones. Cuentan que de día no es tan alarmante. La estampa de noche es peor.

EL CORREO ha tenido ocasión de comprobarlo. En un paseo por los 182 depósitos diseminados por el distrito un martes cualquiera el balance es revelador. Al menos setenta de ellos presentan diversos grados de suciedad. Impecables en Siervas de Jesús, pero en Portal del Rey se aprecian los primeros desechos, que se incrementan en cantidad y variedad en cantones como el de Carnicerías, el de San Francisco Javier, Santa María o en la calle Pedro Egaña. A medida que transcurren las horas hacia la medianoche, la situación empeora. «A veces es complicado meter los desperdicios por el tamaño del hueco del buzón, pero muchos vecinos lo hacen por pura vagancia. Y hoy es de los días que mejor está esto», asegura María Ruiz intentando introducir una bolsa de tamaño mediano en uno de los recipientes.

Sensibilización

Los encargados de despejar la zona se topan de forma habitual con ropa, cartones, mantas, maderos y hasta utensilios domésticos, como una silla sin respaldo. Desperdicios que a Blanca ya no le pillan por sorpresa. Operaria de FCC, cubre con frecuencia la ruta nocturna del Casco Viejo.

«Es impresionante la cantidad de basura que deja la gente, sobre todo los jueves, viernes y sábados, o en época de vacaciones. Cuando hacen alguna obra, nos encontramos con veinte sacos de escombros, que es lo único que no recogemos», señala entre viaje y viaje, junto al cantón de Carnicerías, transportando los desperdicios al camión. Pese a todo, reconoce que el diseño de los buzones «admite bolsas pequeñas. Las grandes son complicadas, muchos no quieren empujar y las dejan tal cual», añade antes de seguir su ruta.

La excusa no convence al conocido ecologista y líder vecinal Fernando Arrikagoitia, ‘Cibeles’, para quien el problema está en la «desidia de la gente, que lo deja directamente fuera. Otros lo introducen pero sin dar a la palanca y al final esto se ve hecho una porquería», critica.

Para solucionarlo, ha recurrido al Ayuntamiento, donde le han asegurado «que pondrán en marcha una campaña de sensibilización en breve». Él apuesta por una solución más tajate: «habría que dejarlo un tiempo sin recoger, para que la gente se diera cuenta de lo que hace».

El problema preocupa al concejal de Limpieza. Convencido de que «no se hace un uso correcto de los buzones, lo que obliga a seguir repasando con vehículos las calles de la zona», el socialista José Manuel Bully propone «un pacto entre vecinos, comerciantes y hosteleros».

De paso, ha encargado una auditoría para conocer al detalle la suciedad que se acumula calle por calle. En cualquier caso, lo que parece que de momento queda relegada es la posibilidad de imponer multas o dejar de prestar el servicio de recogida.

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