Somos muchas las personas a las que nos inquietan los posibles efectos nocivos sobre nuestra salud que las antenas de telefonía móvil pudieran suponer
Diariovasco 15.10.2007
Los riesgos potenciales de la exposición continuada a la radiación electromagnética de estas antenas, descritos en numerosos estudios, se definen desde simples cefaleas hasta enfermedades graves como leucemia infantil.
Es cierto que se trata de una tecnología reciente y que no hay acuerdo respecto al daño que ocasiona. Sin embargo, existe una sensibilidad creciente acerca de su riesgo potencial, y así, se recomienda separar estas antenas de núcleos de población y, en todo caso, de lugares como escuelas u hospitales, ya que se consideran sujetos potenciales de mayor riesgo a niños y enfermos.
¿Qué significa esto? Que existen indicios de que soportamos los efectos de una tecnología cuyas consecuencias presuntamente nocivas desconocemos. Y que ello se desarrolla al amparo de los enormes beneficios generados a los propietarios de estas tecnologías, las empresas teleoperadoras, lo que hace sospechar que se obstaculice un conocimiento científico veraz sobre la materia hasta que la cuestión constituya una evidencia insoslayable, y el perjuicio esté causado en gran medida.
Desde mi situación de ciudadano de a pie, padre, y sufridor obligado de una de estas antenas, yo no puedo estar tranquilo. Sólo me es posible expresar mi miedo ante una situación potencialmente peligrosa y no del todo analizada. Por ello, un grupo de personas entre las que me encuentro estamos planteándonos solicitar un cambio de normativa tendente a un alejamiento de estas antenas de los núcleos de población, así como el establecimiento por parte de las Instituciones de sistemas homologados de medición de radiación como los existentes en Cataluña.
Sin ánimo de alarmismo, considero que podemos encontrarnos en una situación análoga a cuando, por ejemplo, se demostró que materiales como el amianto eran gravemente nocivos para la salud humana, tras muchos años de estudios y fallecimiento de personas que habían soportado su contacto continuado. Y por ello, desde la suma de nuestras sensibilidades e inquietudes, estamos empezando a trabajar para que esto no ocurra con las antenas de telefonía móvil, y en nuestro entorno.
Nota: Inmaculada Fernández
