El Correo Los vitorianos que por trabajo o gusto sobreviven en agosto en la capital alavesa más vale que no tengan prisa por cortarse el pelo, empastarse una muela, comprar carne en su tienda habitual o hasta, según la zona, tomar un café. En la mayoría de los barrios ocho de cada diez tiendas de alimentación han echado la persiana. Con las peluquerías y servicios esenciales, como los dentistas, sucede algo similar. El contraste lo ofrece la zona centro, que late casi con el pulso habitual.
