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DIARIO DE NOTICIAS DE ALAVA El último tramo de los cerca de ocho kilómetros de tranvía que han salido a concurso dará servicio a 3.500 ciudadanos de Abetxuko y más de 12.000 de Lakua-Arriaga. Los vecinos de ambos barrios se muestran contentos con la llegada de la nueva infraestructura, pero preocupados por las consecuencias que el metro ligero tendrá en el actual transporte público. Por ello, tanto desde la asociación Uribe Nogales como desde Ipararriaga, sus presidentas Paquita Sanbartolomé e Inma Díez, respectivamente, emplazan al Ayuntamiento de Vitoria a que mantenga el servicio de autobuses a ambos barrios.

“Si tienen un poco de sentido común lo mantendrán, por lo menos a la zona de Nogales, que es la más alejada”, apunta la presidenta de los vecinos de Abetxuko, donde los urbanos llegan cada 15 minutos y realizan cuatro paradas. Similar opinión defiende Díez. “El tranvía sólo nos va a llevar a una parte de la ciudad, al menos, que haya autobuses a la zona de las calles Francia y La Paz, sobre todo, por todos los estudiantes que acuden a Jesús Obrero, Diocesanas y otros centros.

La de los urbanos no es, sin embargo, la única preocupación que el metro ligero trae a los residentes de Lakua-Arriaga que, una vez más, recuerdan las “numerosas” plazas de aparcamiento que la nueva infraestructura va a eliminar. “Lo tenemos que aceptar porque no nos queda más remedio, pero el aparcamiento en superficie que van a ampliar no soluciona el problema porque nos pilla muy a desmano”, explica la portavoz del colectivo Ipararriaga. Además, censura el paso de los convoyes por Gernikako Arbola, una zona peatonal por la que habitualmente transitan escolares, que se verá invadida por los raíles del tren.

“no nos entendieron” El trazado del ramal de Abetxuko se modificó a petición de los vecinos para que el tranvía no entrara en el corazón del barrio. La presidenta de la asociación Uribe Nogales mantiene que fue una decisión acertada, aunque lamenta las críticas recibidas. “Hubo gente que no nos entendió. En ningún momento nos opusimos al tranvía sino al recorrido que iba a llevar. Nuestro planteamiento fue prudente y razonable. De lo contrario, no lo habrían aceptado”, asegura. “Quizá en un futuro pueda retomarse la idea, pero con otro recorrido”, añade satisfecha al saber que las vías mueren , de momento, en el puente.

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